Y sigue sorprendiéndome la importancia que da la gente a las palabras. Quizá es que tenga poca esperanza en el lenguaje, pero no me puedo tomar en serio las palabras de una persona a no ser que las repita muy a menudo. Primero porque ni siquiera en nuestro más intimo interior nos aclaramos, y segundo porque dudo mucho de la eficacia los lenguajes que usan palabras como transmisores de ese interior nuestro hasta el interior de otra persona. A las palabras se las lleva el viento, igual que a los pensamientos concretos, pues cambiamos de parecer continuamente, nos confundimos, decimos lo que no pensamos, pensamos lo que no decimos y creémos que algo tan simple como el lenguaje sigue haciendo justicia a algo tan complejo como los sentimientos humanos.
Me sorprende que alguien que se supone inteligente pueda sentirse decepcionada por unas estúpidas y superficiales palabras, en vez de intentar vislumbrar mi fondo, mi interior, a través de otras formas de comunicación como la acción, un gesto, un abrazo o una mirada.
Palabras
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