(Para leer la primera parte, aquí.)
La puerta de entrada a su laboratorio secreto se escondía detrás de una gran estantería de libros polvorientos (vaya, ¡qué original!) que separamos de la pared entre los dos, perdidos en la casi total oscuridad de la biblioteca del piso de estudiante de Peter.
– Vas a ver, vas a ver…- El loco de Peter ni siquiera se había quitado su empapada chaqueta. Accionó una pequeña palanca justo al lado de la puerta y apareció una luz que reveló con un zumbido unos escalones y, debajo, el laboratorio.
Era el típico laboratorio de científico loco. Lo miro asombrado con los ojos bien abiertos y sólo me lo creo porque se trata de Peter Larry. Las paredes de ladrillo gris, las estanterías y las mesas que ocupan todo el habitáculo repletas de todo tipo de aparatos científicos, libros, potes llenos a rebosar de líquidos burbujeantes, espumosos o humeantes de todos los colores imaginables, y los truenos y la lluvia haciendo ruido afuera y las luces de los rayos colándose eventualmente por los respiraderos (no había ventanas). La visión en conjunto me recordó a una ilustración que vi años atrás en alguna revista pulp, que mostraba a Victor Frankenstein creando vida en una habitación igual que aquella en la que en ese momento me encontraba.
Bajo los escalones y Peter ya está en la otra punta de la habitación urgando en una gran jaula, diciendo “vas a ver, vas a ver, Ben, vas a ver…” una y otra vez. Se da la vuelta y lleva una cobaya blanca entre las manos, se dirige a una mesa en otra parte de la habitación y la mete en una especie de caja de zapatos sin tapa, pero de metal.
– Bien, bien….acércate, Ben, te presento a Eloise.- Sus ojos ardían de excitación mientras trasteaba con cables, imanes y pinzas metálicas alrededor del cuerpo de la pobre Eloise.
– Pero, ¡por Dios! ¿Sabes la que te puede caer si te descubren con todo esto aquí abajo, y encima experimentando con animales sin permiso?
– Tranquilo, tranquilo, sé lo que me hago.- Y lo sabía bien en realidad.- Vas a ver, vas a ver…- El pobre bicho estaba repleto de aparatos y cables enganchados a su cuerpo, y se quedó en estado catatónico, con los ojos abiertos y respirando aún, justo cuando Peter accionó una palabca del tamaño de un pulgar que se encontraba en una pequeña caja atravesada por varios de los cables que estaban conectados al cuerpecito de Eloise.- ¿Sabes lo que es el Nirvana, tío? – Y me quedé de piedra.
– ¿Sabes lo que es el Nirvana? – El humo del cigarro que fumaba Peter salió de su boca formando un aro y rodeó la constelación Casiopea antes de desvanecerse en el brillante cielo nocturno.
– Algo he oído al respecto, pero no me interesa demasiado la religión. ¿A qué viene eso ahora? – Estábamos ambos tumbados en la hierba del monte, fumando unos pitillos y mirando las estrellas.
– Debería interesarte, si de verdad te apasiona la física, todo está relacionado, y en la religión, una vez desvestida del mito y contemplada al desnudo, hay más verdad de la que crees.- Calada.- Y una verdad muy científica, créeme.- Yo tenía ganas de chicas y no disertaciones filosóficas aderezadas con buenas dosis de marihuana, pero allí estaba, con Peter Larry, mirando la luz de las estrellas en una clara noche primaveral, y no podía esperar otro tema de conversación. Además, el tema me intrigó.
– ¿Tiene eso algo que ver con tus investigaciones? Sí, esas que realizas en tu laboratorio secreto.
– Sí, claro, como todo lo que hago. El Nirvana, el vacío, la “visión objetiva”, todo lo que hago tiene que ver con ello, porque ello es lo único que existe.
– Lo siento, pero no te sigo, ¿qué es lo que quieres decirme? ¿Cuál es el objeto de tu investigación, si es que has decidido contármelo? En verdad me intriga, pero no puedo entenderlo si me hablas en términos tan extraños, ¿Qué tal una ecuación? – Parecía que Peter no me escuchase, absorto en sus cavilaciones, pero lo hacía. Una estrella fugaz atravesó el firmamento, a lo lejos.
– La mejor forma de hacer que lo comprendas sería no decir nada, ojalá pudiera hacer que lo experimentases tú mismo…Te lo voy a resumir en palabras, y no sólo palabras, sino palabras que puedas entender, aunque mis oídos van a enfadarse con mis cuerdas vocales. Sabes, a grandes rasgos, lo que es el Nirvana, ¿no? Pues mi investigación consiste en procurar medios científicos para alcanzarlo. Se acabó dedicar vidas enteras a la meditación y a la correcta conducta. Pronto, bastará con conectarse a una máquina y pulsar un botón, y comprenderemos la existencia y seremos felices.
– No sé mucho sobre el tema.- Maldita sea, en ese momento podía estar corriendo detrás de alguna mujer y no escuchando esas locuras.- pero no creo que lo que intentas sea posible, creo que subestimas un misterio tan profundo como lo es ese, y que confías demasiado en las ecuaciones matemáticas que te han llevado a pensar que semejante locura es posible. Aún así, Peter Larry, voy a darte un voto de confianza, porque creo que tu locura te va a llevar a algún lugar grande, aunque no sé si bueno o malo.
Eloise volvió en sí al cabo de cinco minutos.
– Bueno, ¿ahora me vas a decir que ese bichillo se ha convertido en un Buda?.- La situación me parecía, y era, demasiado surrealista.
– No, tío, pero tienes que ver esto, y rápido, a Eloise no le quedan más que unos minutos de vida.